
A la ruleta rusa uno puede jugar por distintos motivos: a la fuerza, por desesperación, para ganar dinero… No obstante, parece haber una cosa segura: tarde o temprano, alguien va a terminar con los sesos por los aires.
Pero no es el momento ahora de hablar de leyendas de soldados rusos, ni de suicidios sonados, ni siquiera del hiper-realista Robert de Niro en ese clásico del cine, El Cazador. Prefiero centrarme en ese otro fenómeno global que va camino de convertirse en el juego de ruleta rusa más letal que jamás nos toque jugar a los humanos.
La timba ya ha comenzado. Este verano nos ha dejado otra “pequeña” muestra. Rusia ardiendo descontrolada, bajo una tórrida ola de calor. Níger, de nuevo cortejado por el espectro de la hambruna, azotado por ese cocktail demoledor de perseverantes sequías y violentas inundaciones. Una quinta parte de Pakistán, y decenas de millones de personas, con el agua literalmente hasta el cuello. El desprendimiento en el Ártico de un iceberg tres veces la superficie de Manhattan. Por no hablar de las calamidades que han sufrido estos días en Aguilar de la Frontera, Bujalance, Caranceja, Arriondas y otros muchas poblaciones de nuestra “España Directo”.
Aquí no se salva nadie.
Tras las recientes campañas de acoso y desacreditación, la comunidad científica climática se ha empezado a expresar con más cautela, pero hay evidencias más que suficientes que demuestran que los patrones meteorológicos están cambiando vertiginosamente, volviéndose cada vez más extremos e impredecibles, y que los seres humanos estamos contribuyendo de manera esencial al proceso de calentamiento global y a la destrucción masiva de los recursos del planeta.
La pistola está en la sien del planeta. Pero algunos se empeñan en seguir poniendo más balas en su tambor.
En los EEUU, en la UE, y más allá, feroces grupos de presión invierten cada año una millonada para hacer descarrilar cualquier nueva iniciativa “verde” o “sostenible” que amenace el statu quo, y seguir favoreciendo el enriquecimiento de los magnates, ejecutivos y accionistas de las poderosas industrias contaminantes. Crisis, what crisis?
En sus filas también cuentan con un disciplinado ejército de expertos, periodistas, y algún que otro ex-presidente de gobierno, cantando a coro las más célebres melodías “negacionistas” del cambio climático.
¿Y nuestros políticos y sus cohortes de negociadores? Con algunas honrosas excepciones, no quieren, no saben o no contestan. Así que, marcados muy de cerca por los lobbies, pasan la mayor parte del tiempo haciendo juegos malabares para ganar las próximas elecciones sin cabrear mucho a los mercados.
No es de extrañar que las negociaciones climáticas anden atascadas. Tras el estrepitoso fracaso de Copenhague, los dirigentes de los países ricos, y con mayor responsabilidad, ya nos están haciendo el cuerpo para un nuevo ‘bluff’ en la cumbre de Cancún este Noviembre.
Mientras tanto, las apuestas suben, y la ruleta rusa climática se sigue llevando por delante la vida, la seguridad y los sueños de millones de personas. “Por favor, los más vulnerables, empobrecidos, discriminados… pasen primero“.
Lo extraordinario del caso es que aún es posible desmantelar este juego suicida. Así lo entienden los millones de ciudadanos y ciudadanas que durante los últimos años se han puesto manos a la obra, movilizándose en sus barrios y comunidades, apoyando los incansables esfuerzos de movimientos y organizaciones ecologistas y de desarrollo, formando coaliciones estratégicas, manifestándose en las calles, exigiendo liderazgo y responsabilidad a nuestros políticos.
Nadie puede desviar la pistola que apunta a bosques, océanos, ecosistemas… y a nuestras cabezas, si no lo hacemos nosotros. De nuevo, este otoño toca remangarse, dar el “do” de pecho, “jugarse la pierna”… en la extremeña Sierra de San Jorge, en las costas del levante, en Ferraz y en Génova, en el quartier européen de Bruselas, el 10/10/10, en la China y también en Noviembre en Cancún.
¡Atentos a este espacio!
Imagen: Amio Cajander
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