
Así comienza un artículo aparecido hace algunas semanas en el New York Times. El artículo cuenta como una pareja estadounidense pasó de tener un pisazo de 400 metros, dos coches y un juego de café para recibir a dos docenas de personas a tener una vida mucho más sencilla en un piso que ahora parece que esté vacío, sin coches y con todos los trastos en un armario. Han decididio tener una vida mucho más sencilla. ¿Pero más feliz?
Por lo visto todo empezó cuando empezaron a donar algunas de sus cosas para la caridad. Poco a poco se fueron deshaciendo de más y más cosas y se propusieron vivir con solamente 100 cosas a su alrededor. Se deshicieron de ropa, zapatos, cacharros de todo tipo e incluso de la televisión. Sentían que no podían seguir viviendo en el círculo levantarse – trabajo – gastar – casa – dormir -levantarse… (¿Te suena?).
La cuestión es que se deshicieron de tantas cosas que hasta terminaron con su hipoteca de 30.000 dólares. Y como no tienen deudas tienen más tiempo para ellos, para hacer voluntariado y para actividades sociales. Además ahora tienen dinero para viajar y para ayudar a pagar los estudios de sus sobrinos.
Dicen que vivir con tan solo cuatro platos, dos bicicletas y tres pares de zapatos les ha dado la felicidad.
¿Creéis que renunciar a tener cosas puede ser una buena manera de facilitarnos la felicidad? Yo nunca me he planteado vivir con muchas menos cosas (quizás porque no tengo demasiadas) pero lo que siempre he tenido claro es que no pienso vivir “sometido” por ellas. Me sorprende ver cuando una persona sufre porque le han rallado el coche, le han roto nosequé objeto de decoración o que en una comida no quiere que prácticamente te muevas porque podrías manchar su suelo de teca.
Las cosas están para servirnos a nosotros y no nosotros para servir a las cosas. Pero, quizás, para quien no pueda evitarlo, vivir con menos sea una buena solución.
¿Tú qué crees?
Completamente de acuerdo.
En mi caso, estoy segura de que tengo más de lo que necesito, y ya he empezado a plantearme eliminar algunas. Pero algo que conseguí hace mucho tiempo es desapegarme de las cosas.
Las cosas son sólo eso. Cosas. Les otorgamos valor sentimental, recuerdos, o vete a saber qué, y luego no sabemos dónde meterlas. Y acabamos esclavos de ello. Y no te cuento cuando tienes que hacer mudanzas.
Por eso yo soy mucho más feliz desde que me da igual llevar el coche rallado, o perder un guante, o que se me rompa un jarrón, o no tener los libros que leía cuando era chica.
Me parece un camino a seguir.